sábado, 5 de abril de 2014

88 Aniversario del inicio de la segunda dispensación apostólica

88 Aniversario del inicio de la segunda dispensación apostólica


La noche del 5 de abril de 1926, Eusebio Joaquín González se recostó en su lecho sin imaginar que en las siguientes horas sería testigo de una manifestación gloriosa, semejante a la que en su momento experimentaron Abraham, Isaac y Jacob, así como los demás enviados de Dios en los tiempos bíblicos.
El llamamiento divino lo sorprendió mientras dormía en un humilde aposento de la ciudad de Monterrey, Nuevo León. No esperaba algo así, pues ignoraba que la Elección de Dios lo había apartado para desempeñar el Ministerio Apostólico. Cuando las manecillas del reloj indicaban que el 6 de abril había llegado, él y su esposa Elisa Flores dormían profundamente, a pesar del frío de aquella madrugada de primavera.
Horas después, una singular voz rompió el silencio de la madrugada. Despertó y escuchó claramente que esa voz le decía: “Tu nombre será Aarón, lo haré notorio por todo el mundo, y será bendición”. Aquella frase la memorizó en su mente, la grabó en su alma, la guardó en su corazón.
En esa manifestación Dios le cambió el nombre de Eusebio y le puso Aarón; prometió darle notoriedad universal a su nombre; le asignó una misión excelsa: ser bendición a las almas, a los fieles, a los creyentes.
Al cambiarle su nombre por uno nuevo, Dios le cambió también su identidad, su proyecto de vida personal, sus planes, sus expectativas. El nombre que recibió del Altísimo estaba inequívocamente relacionado con la misión que iba a desempeñar a partir de aquel día.
Días después de su llamamiento, el Altísimo volvió a dirigirse a él para indicarle: “El jueves próximo quiero que salgas”. Sin cuestionar la ordenanza divina salió de Monterrey convencido del poder y del alcance del Evangelio, por medio del cual efectuaría en los hombres una transformación plena, de mente, corazón y hechos.
Guiado por Dios tomó la ruta de la vía del tren, ruta que era larga y pletórica de peligros por la inseguridad del camino, por la intolerancia religiosa de la época y porque salió a predicar imitando a los primitivos apóstoles: sin bolsa ni alforja, es decir, sin poner su confianza en el dinero ni en los bienes terrenales, sino sólo en la promesa del Altísimo.
Con esa confianza recorrió a pie el largo trayecto entre la ciudad de Monterrey y el puerto de Tampico, transitando por lugares inhóspitos y por varios poblados de Nuevo León y Tamaulipas, en los cuales predicó el Evangelio de Dios con fe admirable, sin dejarse amedrentar por los peligros, problemas y amenazas que se presentaban a su paso. La asistencia de Dios y su fe le ayudaron también en su difícil travesía de Tampico a Guadalajara, pasando por diversas poblaciones de los estados de Tamaulipas, San Luis Potosí, Aguascalientes y Jalisco.
Después de ocho meses de caminar en compañía de su fiel esposa –deteniéndose sólo lo necesario para predicar a las almas interesadas en su mensaje– por fin se encontraba cerca de Guadalajara. La noche previa a su ingreso a esta ciudad durmieron en el quicio de una vieja casa abandonada en San Martín de las Flores, donde escuchó que la voz de Dios le ordenaba: “Quiero que prediques el Evangelio en esta ciudad, pues tengo un gran pueblo que me servirá y será ejemplo para muchas naciones que me conocerán; y esta será la prueba de que yo te he enviado: yo estaré contigo”.
Al término de aquella manifestación, el hermano Aarón se sintió fortalecido para ingresar a La Perla de Occidente, un entorno que –de antemano sabía– le sería hostil por las maniobras de un clero intolerante, que lo mismo se oponía y atacaba al gobierno constitucional de la época, como a todo lo que representara una amenaza para la religión católica.
Su ingreso a Guadalajara se dio el mediodía del 12 de diciembre de 1926. Desde ese momento consagró todos sus esfuerzos y energías a cumplir la encomienda divina, predicando el Evangelio en los barrios y colonias de la ciudad, lo mismo a parientes que a extraños, sin importar la condición social de sus interlocutores, pues entendía que todos tenían un alma que salvar.
El hermano Aarón desempeñó responsablemente su Ministerio por más de 38 años, lapso en el que Dios le concedió numerosos triunfos espirituales y materiales, lo mismo en Guadalajara que en decenas de ciudades y poblaciones de la República Mexicana. Le permitió, asimismo, el comienzo de la obra espiritual en Estados Unidos, Costa Rica y El Salvador.
Hoy, a 88 años del inicio de la segunda dispensación apostólica, la Iglesia La Luz del Mundo sigue avanzando y cosechando triunfos bajo la sabia dirección del Apóstol de Jesucristo, doctor Samuel Joaquín Flores, quien fue llamado al Apostolado el 9 de junio de 1964, justo el día en que Dios llamó al hermano Aarón al descanso eterno.
De entonces a la fecha han transcurrido 50 años de trabajo responsable e ininterrumpido, logrando a través del mismo el establecimiento de la Iglesia en todos los estados de la República Mexicana y en 47 naciones de los cinco continentes, con un crecimiento espiritual y social que goza del reconocimiento de propios y extraños. Este crecimiento se refleja en la conversión de cientos de miles de almas, en la edificación de más de 3 mil quinientos templos, en la fundación de varias universidades, hospitales, asilos, fundaciones, escuelas de todos los niveles, etcétera.
El día de mañana, el llamamiento del maestro Aarón Joaquín al Apostolado será recordado en el marco del Áureo Jubileo Apostólico, celebración que brinda a los fieles de La Luz del Mundo la oportunidad de regocijarse de manera especial con el Apóstol de Jesucristo Hermano Samuel Joaquín, quien está próximo a cumplir 50 años de Apostolado y vida consagrada al servicio de Dios y de sus semejantes; 50 años en los cuales su presencia y Ministerio han sido de ayuda y bendición a las almas.


fuente(http://www.el-mexicano.com.mx/informacion/editoriales/3/16/editorial/2014/04/05/743249/en-plan-reflexivo)

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